
Celos: cuando el miedo a perder al otro termina poniendo en riesgo la relación
En “El Mañanero”, Bárbara Luracchi analizó una emoción presente en prácticamente todas las relaciones sexoafectivas y explicó cómo puede pasar de ser una reacción cotidiana a convertirse en una conduc
En “El Mañanero”, Bárbara Luracchi analizó una emoción presente en prácticamente todas las relaciones sexoafectivas y explicó cómo puede pasar de ser una reacción cotidiana a convertirse en una conducta que daña profundamente el vínculo. También brindó algunas herramientas para evitar que los celos terminen convirtiéndose en el motivo de una separación.
Los celos forman parte de nuestra vida cotidiana. Aparecen en las relaciones de pareja, en mayor o menor medida, y muchas veces se presentan como una expresión del miedo a perder a la persona que queremos.
Un mensaje que genera dudas. Una conversación que incomoda. Una amistad que despierta sospechas. Una salida que provoca inseguridad.
Pequeñas situaciones que pueden despertar una emoción que todos conocemos.
Pero ¿qué sucede cuando los celos dejan de ser una emoción ocasional y comienzan a ocupar cada vez más espacio dentro de una relación?
Ese fue el eje de la charla que Bárbara Luracchi desarrolló en “El Mañanero”, donde realizó una mirada minuciosa sobre los celos, sus diferentes manifestaciones y el modo en que pueden comenzar a afectar una relación sexoafectiva.
Porque sentir celos no necesariamente significa que exista un problema. El conflicto aparece cuando esa emoción comienza a transformarse en desconfianza permanente, necesidad de controlar al otro, cuestionamientos constantes o una búsqueda de certezas que nunca alcanza.
Y ahí es donde los celos pueden empezar a horadar el vínculo.
Lo que inicialmente puede aparecer como una pregunta puede convertirse en un interrogatorio. Una preocupación puede transformarse en control. Una inseguridad puede terminar condicionando la libertad del otro.
Y poco a poco, aquello que supuestamente nace del amor puede terminar generando exactamente lo contrario: distancia, discusiones, agotamiento y pérdida de confianza.
Durante el segmento, Bárbara también puso el foco en una cuestión fundamental: los celos no solamente afectan a quien los recibe, sino también a quien los siente.
Vivir permanentemente pendiente de lo que hace la pareja, interpretar cada situación como una posible amenaza o necesitar constantemente confirmaciones puede generar un enorme desgaste emocional.
Por eso, una de las claves está en poder reconocer qué hay detrás de los celos.
Muchas veces no se trata solamente de lo que hace el otro, sino de nuestros propios miedos, inseguridades, experiencias anteriores y dificultades para confiar.
En ese sentido, Bárbara compartió algunos tips y herramientas para comenzar a trabajar sobre esas emociones y evitar que terminen interfiriendo en la relación.
Hablar en lugar de acusar. Reconocer lo que sentimos. Evitar el control. No convertir una sospecha en una certeza. Trabajar sobre la propia seguridad y confianza.
Y, fundamentalmente, entender que cuidar una relación no significa controlar al otro.
Porque existe una paradoja en los celos: muchas veces nacen justamente del miedo a perder a alguien y, sin embargo, cuando se vuelven excesivos, pueden terminar generando las condiciones para que esa persona se aleje.
La propuesta de El Mañanero fue poner sobre la mesa una situación absolutamente cotidiana, sin demonizar una emoción que todos podemos experimentar, pero invitando a reconocer cuándo esa emoción empieza a tomar el control.
Porque los celos pueden aparecer en cualquier relación.
La diferencia está en qué hacemos con ellos antes de permitir que sean ellos los que decidan por nosotros.